El arte no siempre nace de la alegría
A veces, las pinceladas más vibrantes emergen de los silencios más profundos, y los colores más intensos brotan de las ausencias que duelen. Esta es la historia de María de los Ángeles Yaxcal Caal, una joven artista nacida en las tierras verdes y nubosas de Cobán, Alta Verapaz. Una exploradora de ideas que transformó la pérdida en un lenguaje visual que honra la memoria, celebra las raíces y se niega a detenerse.
—"Me defino como una exploradora de ideas y más que seguir un estilo rígido me adapto a la inmensa variedad de estilos en el arte",
Nos dice con una humildad que contrasta con la fuerza de su trayectoria.
El Primer Trazo de Libertad
Hay momentos en la infancia que marcan el rumbo de toda una vida. Para Marielos, ese momento llegó a los ocho años, cuando por primera vez sostuvo un pincel sobre un lienzo como parte de una tarea escolar. No fue el ejercicio en sí lo que la cautivó, sino la sensación de libertad absoluta que experimentó. y con cariño recuerda.
—"Sentía mucha emoción, porque me permitieron dejar volar mi imaginación",
Y lo que su imaginación eligió pintar ese día no fue casualidad: un paisaje, el lugar donde vivía. Al crecer rodeada por la eterna primavera, era natural que su primer impulso fuera capturar la belleza de su entorno.
Desde ese primer trazo, Marielos comprendió que el arte era su forma de capturar el mundo, de hacer permanente lo que los ojos ven y el corazón siente.
Después de esa primera vez, nunca se detuvo. Siguió dibujando lo que veía, en su mayoría paisajes, con una constancia que desafiaba los bloqueos creativos y las dudas propias de cualquier artista en formación. Su proceso fue constante, disciplinado, casi como una promesa silenciosa que se hacía a sí misma cada día.
La Hermana que Vio lo Invisible
En todo camino artístico hay alguien que cree primero, que ve el talento cuando aún es solo una semilla. Para Marielos, esa persona fue su hermana Noelia, quien hoy descansa en el cielo pero cuya presencia sigue iluminando cada lienzo.
—"La primera persona en creer en mis garabatos llamados arte fue mi hermana Noelia",
Confiesa con una mezcla de nostalgia y gratitud. Noelia no solo confió en ella, sino que la alentó activamente a seguir practicando, a mejorar, a no rendirse. Se convirtió en su mayor motivación, en la voz que la impulsaba cuando las dudas aparecían.
Y es por ello que hoy, cada obra que Marielos crea lleva un poco de Noelia. Cada color elegido, cada detalle perfeccionado, es un diálogo silencioso entre hermanas, una forma de decir "aquí estoy, todavía creando, todavía cumpliendo lo que te prometí".

La Evolución de un Estilo sin Fronteras
Conforme María de los Ángeles crecía, su relación con el arte también evolucionaba.
Lo que comenzó como un hobby dedicado a plasmar paisajes se transformó en una exploración sin límites. Su estilo migró hacia lo abstracto, luego hacia los retratos, experimentando con cada técnica como quien prueba diferentes idiomas para encontrar su voz. Ella explica:
—"Pasé por varias etapas y estilos para terminar dándome cuenta, que me gustan todas",
Algunos eran más difíciles que otros, pero esa dificultad nunca fue un obstáculo sino un desafío que la mantenía practicando, aprendiendo algo nuevo de cada experiencia. Esta versatilidad se convirtió en su sello: una artista sin ataduras, capaz de adaptarse a cualquier estilo sin perder su esencia.
Pero más allá de las técnicas y los estilos, había algo más profundo que guiaba su mano. Cuando perdió a Noelia, Marielos enfrentó la pregunta que todo artista teme: ¿para qué seguir? La respuesta llegó desde el amor y la lealtad.
—"Continué pintando para no defraudarla a ella, que fue la única que creyó en mí",
Dice con una determinación que revela que el arte, para ella, es mucho más que una expresión personal. Es un compromiso sagrado, una forma de mantener viva la fe que alguien depositó en ella.
La Obra que Lleva el Corazón Entero
Entre todas las pinturas que ha creado, hay una que tiene un peso especial, una que resume años de evolución, amor y memoria. Es el retrato de Noelia, una obra que Marielos realizó con pocos materiales y poco conocimiento, pero fue el inicio para desarrollar durante 5 años una técnica refinada y un corazón más maduro.
—"Me siento orgullosa de esta obra debido a que cinco años antes ya la había realizado con pocos materiales y poco conocimiento, y con el paso del tiempo mejoré",
Explica. En el retrato, Noelia aparece con una corona, un vestido y una banda, recordando su tiempo como reina de belleza. Su hermosa sonrisa, sus ojos rasgados y su pelo rizado están capturados con una fidelidad que va más allá de la técnica, porque cada pincelada está cargada de memoria y cariño.
—"Sé que tengo obras buenas, obras lindas a simple vista, pero sin duda esta obra es la más significativa, importante para mí y por lo que me siento muy orgullosa".

Las Raíces que Alimentan el Arte
Pero el legado de María de los Ángeles no se nutre solo del amor de su hermana. Hay otras raíces que la sostienen, profundas y ancestrales, que se conectan con la tierra y el trabajo.
Una de sus obras más representativas lleva por título "La Siembra", y en ella aparece un agricultor con expresión seria, llevando un sombrero que simboliza el esfuerzo, la lucha y el sacrificio.
Ese agricultor es su abuelo. María de los Ángeles creció con sus abuelos, y la siembra no era solo una actividad económica sino un estilo de vida, una filosofía de paciencia y dedicación que ella absorbió y que ahora se refleja en su arte.
—"Yo aprendí por ellos, era nuestro estilo de vida",
Dice, reconociendo que la disciplina que aplica a sus lienzos tiene el mismo origen que la disciplina que vio en los campos cultivados por sus abuelos.
Así como ellos sembraban esperando la cosecha, ella pinta esperando que cada obra encuentre a las personas correctas, aquellas que sabrán apreciar el tiempo y el alma invertidos en cada trazo.

El Momento Mágico que Cambió Todo
Hubo un instante preciso en el que Marielos supo que el arte no era solo su pasión, sino su camino. Fue cuando alguien quiso comprar una de sus obras.
Hasta ese momento, dibujaba y pintaba para aprender, para expresarse, por el simple placer de crear. Pero ese momento fue revelador.
—"Ese momento fue mágico, no solo por el hecho de vender una de mis obras, sino porque alguien más se interesó en adquirirla y tenerla en su hogar como algo decorativo",
Lo recuerda como la confirmación de que su arte trascendía lo personal, de que sus colores y formas podían habitar otros espacios, tocar otras vidas, convertirse en parte de la historia de otras personas.
Desde entonces, María de los Ángeles ha desarrollado una faceta especial de su trabajo: las obras personalizadas y los pedidos a la medida. Tazas pintadas a mano con personajes como el Joker o Batman, retratos de mascotas, lienzos con significados únicos para quien los encarga.
Cada pedido es una oportunidad de conectar su arte con una necesidad específica, de convertirse en puente entre la imaginación y la realidad de alguien más.

El Proceso: Donde Nace la Magia
A diferencia de muchos artistas que tienen rutinas estrictas, trabaja con la espontaneidad como aliada. No hay un momento específico del día reservado para crear, porque la inspiración llega cuando menos la espera.
—"No hay un momento en específico, pero sin duda la inspiración llega cuando menos lo espero",
Relata cómo un día cualquiera simplemente dijo "hoy quiero pintar algo", agarró sus materiales y comenzó a trabajar en su nueva obra "El Quetzal", una de sus pinturas más emblemáticas. Cuando pinta, su mente entra en un estado de flujo puro, disfrutando del proceso sin pensar en el resultado final. Solo al terminar se detiene a apreciar lo creado.
Y aquí emerge su lema personal, una filosofía que resume su relación con el arte:
—"Lo mejor de ser artista es disfrutar del proceso y apreciar el resultado".
Una obra terminada le lleva aproximadamente ocho horas si es un lienzo, o entre cinco y seis horas si es un retrato a carboncillo.
Pero estos números son solo referencias, porque la mayor parte del tiempo Marielos pierde la noción del tiempo, especialmente cuando trabaja en pedidos personalizados donde cada detalle importa, donde la precisión es un acto de respeto hacia quien confió en su talento.
El Sacrificio Invisible del Arte
Como muchos artistas, María de los Ángeles enfrenta la eterna tensión entre la pasión y las responsabilidades cotidianas.
Trabaja, tiene compromisos, navega las demandas de la vida diaria. Y en medio de todo eso, tiene que crear espacios para el arte.
—"Mi mayor sacrificio es conseguir el tiempo, ya que trabajo, pero siempre hago un espacio para poder crear más de algo cada día",
Este sacrificio del tiempo es lastimosamente el limitante más común entre los artistas que no tienen el privilegio de dedicarse completamente a su oficio. Cada hora que dedica a pintar es una hora robada al descanso, a la comodidad, a la facilidad.
Y hay también limitaciones materiales. Marielos tiene un anhelo claro: aprender a pintar con óleos, una técnica que requiere materiales costosos y práctica constante. Pero el factor económico se lo impide, al menos por ahora.
Sin embargo, lejos de desanimarla, esta restricción afila su creatividad. Aprende a hacer más con menos, a dominar completamente las técnicas que tiene a su alcance antes de aspirar a nuevas fronteras.

El Arte del Autoconocimiento
Cuando pinta, no siempre plasma lo que ve. En ocasiones, aparecen ideas inesperadas que le gustaría unir en una sola obra, y cuando eso sucede, suspende cualquier actividad que esté haciendo para anotar esas ideas. No puede dejarlas escapar. Son visitantes fugaces que necesitan ser capturados antes de desvanecerse.
—"Usualmente pinto lo que veo y muy pocas veces pinto lo que siento, que generalmente tiene que ver con mi familia",
Esta distinción es importante. Para ella, el arte observacional es su zona de confort, pero las obras que surgen de lo que siente, especialmente las relacionadas con su familia, son territorios más íntimos, más vulnerables.
Y es precisamente en ese proceso de autodescubrimiento donde reside la verdadera fuerza de su trabajo. Porque el arte, como ella misma lo define, es más que una simple expresión.
—"El arte más que una expresión es un espacio para fluir, para ser vulnerable de cierta manera sin tener miedo; y realmente no busco aplausos o tener una técnica perfecta, sino busco seguir creando arte hasta llegar a las personas correctas".

Cuando la Ausencia se Vuelve Presencia
Hay una pregunta que resulta inevitable cuando conoces la historia de María de los Ángeles: ¿qué diría Noelia si pudiera ver su trabajo hoy?
—"Eso es una bonita pregunta, pero en parte triste",
Reconoce que su hermana no era de expresar mucho lo que sentía, pero tiene la certeza de que le diría: "lo lograste, tal y como yo creí". Porque Noelia la alentó, creyó en ella cuando nadie más lo hacía, y sabía que era capaz.
—"Sé que ella se sentiría orgullosa de ver cómo uso su recuerdo, no con tristeza, sino como una luz para iluminar mis lienzos".
Esta transformación del duelo en luz es quizás el acto más valiente de todos. No es negar el dolor, sino convertirlo en combustible para la creación. Es reconocer que la ausencia puede ser también una presencia constante, una motivación que no se apaga, sino que arde con más fuerza cada día.

El Cuadro de una Vida
Si su vida la transcribiéramos en un cuadro, ella misma lo describe así:
—"El color que predominaría sería el gris, que significa equilibrio, neutralidad y en cierta parte melancolía",
No es un gris apagado, sino un gris consciente, el de quien ha enfrentado pérdidas, pero también ha encontrado balance.
Y en el centro de ese cuadro imaginario, estaría ella de pie, sosteniendo su corazón y su cerebro. reflexiona:
—"Bueno... he soportado tanto, al igual que mi corazón y cerebro, pero... he mejorado, y a pesar de tantas cosas, ambos siguen de pie conmigo",
Es una imagen poderosa: una mujer que se sostiene a sí misma, que reconoce sus heridas, pero también su resiliencia, que sigue de pie no por la ausencia de dolor sino a pesar de él. Su fortaleza no radica en negar lo vivido, sino en abrazar cada cicatriz como testimonio de su camino.
Ella se convierte en símbolo de esperanza: alguien que transforma la pérdida en luz, el silencio en voz, y el duelo en creación.
Un Lienzo Abierto para Todos

La historia de María de los Ángeles nos recuerda que el arte puede nacer de los lugares más inesperados.
De una tarea escolar a los ocho años. De la fe inquebrantable de una hermana. Del ejemplo silencioso de unos abuelos que trabajaban la tierra. De la decisión de no defraudar a quien ya no está, pero cuya voz sigue resonando en cada pincelada.
Su mensaje para quienes están empezando en el arte es una invitación a la autenticidad radical:
—"No pinten para complacer a alguien más, sino que pinten para expresar su sentir, pinten para entenderse a sí mismos, porque casi siempre en el arte todo inicia desde una cicatriz, inicia desde silencios y perdidas, pero definitivamente todo se transforma".
Y es esa transformación la que define su trabajo.
No es una artista que evade el dolor, sino una que lo enfrenta con valentía y lo convierte en belleza. No pinta buscando perfección técnica, sino buscando honestidad emocional. No crea para las masas, sino para las personas correctas, aquellas que sabrán ver más allá de los colores y reconocer el corazón que late detrás de cada obra.
Su versatilidad no es casualidad. Es el resultado de una exploradora que se niega a conformarse con un solo lenguaje, que entiende que cada estilo, cada técnica, cada tema, es una forma diferente de contar la misma verdad fundamental: que el arte salva, que el arte honra, que el arte nos mantiene de pie cuando todo parece derrumbarse.
Desde paisajes que capturan la belleza del hogar hasta retratos que inmortalizan a seres queridos, desde obras abstractas que desafían la lógica hasta "La Siembra" que honra las raíces campesinas, María de los Ángeles pinta con la conciencia de que cada lienzo es un acto de resistencia contra el olvido.
Porque mientras haya color en sus manos, Noelia seguirá viviendo. Mientras haya trazos que salgan de su corazón, sus abuelos seguirán enseñándole sobre paciencia y dedicación.
Porque al final, como ella nos recuerda con su ejemplo, seguir de pie no es un acto de perfección sino de transformación. Y nosotros, como testigos de su arte, tenemos el privilegio de presenciar cómo el duelo se viste de colores y cómo las ausencias se convierten en presencias eternas sobre el lienzo.

Porque lo más importante es; "disfrutar del proceso y apreciar el resultado"
¿Y tú? ¿Qué cicatriz necesitas transformar?
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